Critica de ¿Quién puede matar a un niño?


Director: Chicho Ibáñez Serrador

Año: 1976

Duración: demasiados minutos

Spoiler:

 Pretenciosa cinta dirigida por Chicho Ibáñez Serrador (el que ponía la voz en off de mala hostia en el 123) inspirada en muchos aspectos en la filmografía de Alfred Gitcoach (Entrenador de gitanos).

El análisi:

La película no empieza nada mal, siempre que no veamos los 10 primeros minutos, que inducen invariablemente al suicidio colectivo y a la perdición de la inocencia.

Pasado el mal trago la película nos sumerge en un capítulo eterno de Verano Azul, pero sin niños gordos ni jóvenes repelentes, donde el argumento irá creciendo en interés y en relevancia.

A medida que los diálogos se hacen menos frecuentes, dando paso al suspense, la película gana muchos enteros. Todo sea por no escuchar las quejas de la protagonista y las subnormalidades sin sentido del marido.

Y aquí es donde entra de cabeza el argumento:

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Una pareja de avezados y risueños guiris, ella embarazada y él con el bigote de Mr Satán, llega a un pueblo de la costa Catalana donde no les queda más remedio que alojarse en una pequeña población situada en una isla cercana, escasamente comunicada, y en la que si te mataran en la plaza del pueblo con una segadora fuera de control nadie se enteraría.

Una vez allí todo parece desierto… excepto por un extraño grupo de niños, los cuales, unos miran con una sonrisa desencajada y otros entrecierran los ojos muchísimo infundiendo temor.

Ante este panorama los guiris se meten las manos en los bolsillos y silbando se van a buscar alojamiento.

En este pueblo se pone de aperitivo culos de botella con cebolletas. Y dile que no al que te las ofrece...