Critica de Pretty Woman.


Como onvre me he visto forzado a ponerme de nuevo los leotardos de justiciero mientras me rascaba la huevada al hacerlo ya que es un paso obligado para que nos siente bien la ropa a los onvres y además que la lycra pica lo suyo en ciertas zonas. Esta peli no es tan mala pero por el mero hecho de ser obligado a verla por cualquier mujer que haya cerca (bebes hembra a partir de 11 meses incluidas) me he visto impulsado a ello.

¿Qué coños tienen las mujeres para con esta película? Parece que tienen una especie de reloj interno instalado en lo más profundo de su cerebro que les salta y les dice el momento, hora y cadena (también es fácil porque normalmente la echan en Telecinco) en la que la están echando. Aunque lo echen en Nueva Seseña TV a las 3 de la mañana o en Al-Yazhira a las 7 de la tarde hora local, ellas se enteran. Esto es un hecho más difícil de entender que a Darth Vader hablando mientras come polvorones.

Todo buen macho español poseedor antaño de colonias americanas y africanas y enculador de infieles moros ¿debería sacar acaso una conclusión machista del hecho de que a las mujeres les guste una película en la que la protagonista es una mujer de la vida alegre y a la que les encantaría emular? Como bien diría Iker Jiménez, yo solo cuento lo que ocurre, ahora saquen sus propias conclusiones.

El análisi:

Edward Lewis es el ricachón protagonista interpretado por Richard Gere. Ese actorazo estadounidense equivalente a nuestro querido Arturo Fernández, con esa mirada estreñida y profunda que tiene que, en actorazos como Bud Spencer quedan tan de puta madre, pero que a él le queda como a un gayer que esté mirando a lo lejos a ver si viene el próximo autobús que le lleve al Europe Parade, o parece que esté mirando un dibujo de esos en 3D para ver si consigue ver finalmente el pony rosa.

Edward está celebrando una pomposa fiesta en su casa y en la que debido al frenesí del cava deja por teléfono a su novia. Como parece que el chaval está algo de bajón le concede 3 minutos de luto amatorio a su anterior novia (es el tiempo que tardó en llegar al coche) y decide irse de putas para celebrarlo.

Como la Casa de Campo le quedaba lejos se acerca al Hollywood Boulevard, lugar conocido en el mundo entero debido a que es el único sitio donde todas las lumis son nacionales. Allí se encuentra a Vivian.

Vivian (interpretada por Julia Roberts) es un alma libre, sin ataduras (salvo en sus sesiones de bondage), puta, sí pero casta ya que ella es una puta que va todos los domingos a misa. A chuparle el maná al cura, cierto, pero que una vez allí se deja sus buenas monedas de cobre en las velitas de la iglesia para pedir que su Jonathan le apruebe aunque sea Conocimiento del Medio. Además, es muy formal ya que se niega a dar besos en la boca a sus clientes, pero lo que son las limpiezas de sable, el helicóptero Rajoy (es la misma postura que el helicóptero pero haciendo desestabilizaciones), las bukkakes, la lluvia dorada de Montesdeoca, el toro mecánico, la introducción de esto en aquello versión normal y XL, el cowboy, el sube y baja, el mortadelo,… pero lo que son besos en los morros no que una tiene sus límites morales. Amplios, sí, pero límites al fin y al cabo.

Edward se lleva a Vivian al NH Hotel más cercano y, en lugar de postrarla a cuatro patas y poseerla sobre la alfombra del bousserie, la invita a cenar y la trata muy caballerosamente (aunque algunos opinan que decir mariconamente sería más acertado).

Tras la agradable velada Edward le propone a Vivian que la sirva de chica de compañía durante una semana ya que tiene una serie de compromisos a los que necesita ir acompañado. Ella viendo el panorama acepta la oferta desde el jacuzzi (literal).

Parece que alguien va a ser desvirgado analmente y no parece que vaya a ser ella...

 Se ve como Vivian pasa por un proceso de domesticación para que no desentone en los distintos eventos a los que va a asistir. Para ello la enseñan a saludar, usar los cubiertos, hablar, comer el marisco (aunque en este punto ella corrigió repetidamente al profesor, sobre todo en el modo de chupar las cabezas de gambas),… Durante todo este proceso viene la famosa escena que encanta a las mujeres, incluso la más radical de las feministas chorrea de gusto al verla: las compras en Beverly Hills. Vivian se compra en las tiendas más caras del mundo un montonazo de vestidos. Sólo falta que al final Edward le regale una escoba para terminar de hacerla hipermegahappy porque más mujer-objeto no puede ser en esta escena porque además justo esa noche Edgard moja en Paladín a la taza que da gusto.

Tras varias fiestas y caiditas de Roma surge el amor entre ellos. Pero las malas gentes amenazan su felicidad al descubrir el pasado de Vivian (y no estamos hablando de su época fan de Alaska y Los Pegamoides). De manera que ella decide dejarle para no joderle la vida. Tras un rato de reflexión finalmente Edward decide ir a buscarla ramo en mano consiguiendo que la relación se salve. Y fueron felices y comieron perdices. Ella murió al año siguiente de sífilis y él quedó tan trastornado que se metió a budista, pero eso ya es otra historia.

A estas alturas es bastante probable que la mujer/es con la que la hayas visto tenga una lagrimilla asomando y la famosa sonrisa tonta de “pero que bodito y que herboso”. Con suerte puedes mojar.

Conclusión:

Ahora imaginemos por un momento cómo sería esta historia en la vida real. Para poder hacer este arduo ejercicio de imaginación me he visto obligado, contra mi voluntad, a recorrer y desflorar toda la carretera M-608. Pero todo sacrificio es poco por los lectores de este blog. De este estudio he sacado la siguiente historia y una mononucleosis de caballo, pero vayamos a lo que interesa:

El Richi, un camionero que transporta la misma cantidad de carne de cerdo en la carga que en la cabina, lleva sin mojar el churro desde la salida 37 de la A-6. Tiene los huevos como dos bombonas de butano y necesita dar amor ¡pero ya! O eso o necesita un catálogo del Woman Secret y un buen rollo de papel higiénico doble capa.

Se dirige al local con mayor número de camioneros en celo y, una vez está allí con su PEGASO, solicita los servicios de La Juli.

La Juli es una prespituta que recibe todos los días más inspecciones de orificios que un talibán recorriendo la Ruta 66 y que es vieja zorra (me encanta el reto que supone realizar un juego de palabras difícil) en esta profesión. Se acerca al camión y finalmente se monta.

Una vez allí le informa al interfecto lo que le cuesta montarla a ella y que le puede pedir cualquier cosa excepto darle besos que eso hace llorar a Chuck Norris. En esos momentos, El Richi arranca el camión y lo para al lado de un riachuelillo. Abre la puerta de La Juli al grito de “¡andaacagaralavíiiiiiiiiiiia!” a la par que le da potente patada a la lumi en el pandero haciéndola caer al río tras graciosa parábola.

El Richi arranca y se va al local “La teta enroscada” donde seguro que no le dirán esas mierdas.

Así sería realmente esta historia. ¿Cómo? ¿Qué os interesaba más la historia de la mononucleosis? Sólo os diré que jamás debéis besar una escultura de mono disecado. ¡Jamás! Les han pasado más cosas de las que parece.

Lo mejor de la peli es el chiste que se deriva de ella:

Se abre el telón y aparece Julia Roberts cagando en el váter. Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película?

Aprieti Woman.

(APLAUSOS).

Otra de las grandes cosas que tiene esta peli: el raccord.

En esta pedazo de escena están desayunando Vivian y Edward mientras charlan animadamente, pero fijémonos un momento en lo que come Vivian (con perdón):

Como buena lumi está comiendo un croissant como bien sabe Cassano que tienen costumbre de hacer.

Se sale un momento a la terraza, vuelve y se ha comido casi todo el croissant.

Se dirige a la mesa y antes de coger ningún otro croissant, ¡LE HA CRECIDO EL DE ANTES!

Se sienta y parece que se pone a comer un Mañanito. Ajá, correcto.

¡Esperen! ¡No aplaudan todavía! ¡Aún queda lo mejor del truco!

¡Ahora lo convierto en una tortita! ¡Aplaudan ahora! ¡Niananaaaaaaaaaaaa!

Y cierre:

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Por: Gran Cabeza.

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