Critica de El caballero oscuro.

El caballero oscuro

La última película sobre las andanzas del hombre murciélago, más conocido como “Batman”, es un batiburrillo de acciones trepidantes, raudas e intensas, que se distribuyen a lo largo de las casi dos horas y media que dura la película, siguiendo un único hilo conductor; y es que el tema de la producción queda meridianamente claro desde el inicio mismo y no responde a un argumento complejo. Siguiendo con el símil textil se diría que todas los pespuntes se dirigen en la misma dirección y que no hay una trama y urdimbre que enriquezcan los roles de los personajes.

Tampoco creo que sea ésa la pretensión del director (Christopher Nolan), pero de algún modo era consciente de que en el fondo lo que estaba componiendo no era otra cosa sino el tema más trillado por la Humanidad: la lucha entre el Bien y el Mal, Así de grandilocuente, con mayúsculas y todo. Para que esto siga resultando atractivo hoy día  el señor Nolan tiene que acudir a distintas herramientas que siempre encuentran eco y tienen buena respuesta por una gran parte de nuestra sociedad, a saber:

–         Transgredir los principios elementales de la Física (ésta también con mayúscula.)

–         Despliegue de toda una serie de utensilios de alta tecnología.

–         Dejar entrever otras historias y personajes, como son el “tipejo de la bolsa de patatas en la cabeza” y la evolución del fiscal hacia el “Dos Caras”.

Respecto al primero de los puntos se podría pensar que qué menos que un superhéroe tenga la capacidad de realizar actos “físicamente imposibles” ya que “Batman” es en el fondo un ser naturalmente excepcional, etc. Pero este argumento no vale, y éste es uno de los grandes puntos débiles de esta película: No se puede pretender mostrarnos al personaje de “El caballero oscuro” como una persona normal cuya conciencia le impele a luchar contra los criminales, pero nada más.

Rebuscando un poco sí es cierto que el tío ha hecho un cursillo de “ninjas” y está cachillas, pero no  le ha picado una araña radiactiva, ni ha venido en un meteorito del espacio, ni se ha sometido a una radiación desmesurada de rayos gamma y se pone verde como el ombligo de Shrek cada vez que se enfada, es decir, que no le ha sucedido nada increíble para que pueda hacer cosas increíbles. Si a mí me dicen al principio de la película que emulando a Ozzy Osbourne se ha dado un atracón de murciélagos y eso unido a que uno de los bichillos había tomado sangre de Hommer Simpson (he aquí el necesario nexo con la radioctividad) pues mira, ya me puedo creer todo lo que venga luego o mejor dicho, me meto en el mundo ficticio en el que se desarrolla la película y en él acepto que Batman se tire desde rascacielos y que no le pase nada, que se enfrente a diez personas armadas y salga victorioso, que salga de farra con las componentes del Ballet Ruso, etc. Pero si nada de eso sucede y simplemente la diferencia entre este hombre y el resto de los mortales es que por las noches se viste de murciélago, se mete dos buenos lingotazos de cualquier whisky malo (bueno esto más bien lo acerca al común de la gente más que distinguirle…Lo del traje sí, eso no tiene paragón más que en Carnavales)  y, eso sí, renunciando a toda notoriedad y armado de una gran modestia, sirve en bandeja a la policía a toda esa mala gente, pues resulta muy difícil creérselo. Lo del whisky lo digo por la voz de cazalla que Batman tiene durante sus aventuras, aún así y muy a pesar del hedor que tuvieran que soportar los malhechores (que por otro lado se lo tienen merecido) yo echo de menos que al menos les dijese aquello de la enmienda Miranda, eso de “Tiene derecho a guardar silencio, cualquier cosa que diga…..”, pero en fin no está Gotham para tales garantías jurídicas.

Volando voooooooy

 En lo que se refiere al segundo punto: a los cachivaches electrónicos de nuestro protagonista, que más hubiesen querido otros grandes y denodados defensores del Bien tales como el “Agente 007” o “Torrente” que  haber podido contar con semejantes ingenios, seguro que sus muy laureadas hazañas habrían sido, si cabe, aún más sonadas. Pero como sabemos esa carencia tecnológica era suplida con grandes dosis de profesionalidad y un buen hacer que nos cuesta encontrar en Batman. No es cuestión ahora de listar todos los dispositivos que aparecen en la película, pero sí es conveniente, por lo que tienen de significativo, resaltar al menos algunos de ellos: El inicio de la película es sorprendente en todos los sentidos y si no que le pregunten al tío de “Bricomanía” si se le pusieron o no los pelos como escarpias cuando vio esa pedazo taladradora que usa la primera banda de malos para robar el banco, ¡menuda broca! Pero si realmente algo destaca por encima de lo demás es el coche de Batman (Batmóvil) y el teléfono móvil con sónar de submarino (¿Batmóvil también?). ¡Qué gran coche y qué bonito les ha quedado! Como los de aquellos videojuegos que tantas gratas tardes nos brindaron, que por más que chocarán no les pasaba nada, con ese puntito de más de velocidad que el de los malos y ¡ojo! Con moto incorporada, ¡guau!

 Y si el coche es de época qué decir del teléfono portátil no sé si del protagonista o de su asesor empresarial (Morgan Freeman; a sus años y dándose esas panzadas a trabajar), el caso es que este móvil es mejor que la lámpara mágica ¿por qué conformarse sólo con tres deseos? Sin frotarlo es capaz de localizar a quién quieras en cualquier sitio, incluso en China, provocar un fallo eléctrico en un rascacielos, incluso en China y seguro que muchas más cosas (¡qué pena no poder navegar por el menú del bat-móvil!) Más adelante en la película vuelve a colación el dichoso teléfono, o más bien su tecnología, pues resulta “que el departamento de I+D de la empresa del personaje principal (cuyo vicario es un hombre murciélago) ha implantado en todos los teléfonos móviles de Gotham una especie de sónar de submarino que permite conocer la posición de cualquier cosa dentro de la ciudad” Ja, ja y ja. Claro, ante esto a Morgan Freeman no le queda más que renunciar a su cargo en la empresa alegando la inconveniencia moral de tales dispositivos. Yo en su lugar me habría excusado preguntando que qué fuman por el departamento de I+D para dar credibilidad a semejante proyecto.

 Respecto a la inclusión en la película de otros personajes interesantes -tercer punto- la verdad es que hay más aciertos que errores, de hecho, sólo pondría en el platillo de “en contra” de una balanza la intervención al principio de la película del “malo” protagonista en la anterior entrega de Batman. Se trata de un chaval con una careta muy fea, algo así como un saco de patatas con aberturas para los ojos y boca (los “malos” también respiran), vamos, algo impostado para dar un poco de miedo que ya trató de envenenar a los habitantes de Gotham a través del suministro público de agua. Pues bien, resulta que en una de las primeras escaramuzas en la que interviene Batman a este hombre le detienen. Punto y final, nada más. ¡Qué triste! Haber sido uno de los grandes del averno y que a las primeras de cambio te despachen en un simple intercambio de mamporros y empellones. La fama es pasajera y más en el mundo del hampa.

El platillo de “a favor” de la balanza de marras claramente tiene más peso que su contrario, la evolución del fiscal de Gotham hacia el personaje de “Dos Caras” sí tiene mucha enjundia, es muy interesante por lo que significa y para mí está “muy bien traído” en la película. Todo un acierto.

También “el Joker” merece una mención aparte. Es tan protagonista como Batman, serían respectivamente los representantes del “Bien” y del “Mal”, así de simple en la primera parte de la película, pero en la segunda, digamos que en los últimos 80 minutos, desde que Batman decide entregarse a las autoridades, empieza a definirse más como un generador de caos, le intenta dar un sentido a todas sus malvadas acciones, esto es y según el propio Joker expresa, el caos es justicia porque en el fondo el caos es aleatoriedad, lo aleatorio es imparcial y la imparcialidad es justicia.

Como digo para mi gusto la producción mejora bastante en esta segunda parte y ello se debe a que empiezan a mostrarse las relaciones entre los personajes enriqueciendo cada una de sus acciones. Se insinúa el flirteo amoroso de la película anterior de la saga entre Batman y la que en esta entrega es novia del fiscal. En una de las espectaculares acciones del Joker la chica acaba muriendo y el fiscal pierde la mitad de su rostro. Más que esto es la muerte de su novia lo que le remueve internamente y, en una  especie de endiablada sublimación de toda su rabia, acaba convertido en un personaje despreciable que, asumiendo el binomio azar-justicia apuntado por el Joker, se encarga en lo que resta de producción de “ser juez” de todas aquellas personas que de algún modo estuvieron involucradas en el episodio de la trágica desaparición de su amada.

Sí es cierto que se pueden seguir poniendo muchos peros a la verosimilitud de muchas de las escenas, a lo exagerado de muchas de las acciones, a, en definitiva, todo lo apuntado críticamente más arriba, pero todo ello queda diluido o pasa a un segundo plano frente a la resolución de la trama y a ese “regusto” que queda al final, una vez has salido de la sala del cine o has apagado el televisor tras todo lo que te han mostrado, a una incipiente hiel que te dice que, en el fondo, el “Bien” no puede con el “Mal”, como en la vida misma.

 Por: Beo Doble.

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