Critica de Kung fu panda.

Atención gordos del mundo: ¡por fin se nos hace justicia! Un “gran” personaje protagonista de una gran historia, y no lo es por batir el record Guinness de comer albóndigas de un kilo cada una.

La gran lacra de la sociedad actual, según los expertos, es la obesidad, tanto infantil como en la edad “adúltera”. Muchos dirán que es malo para la salud, pero si el cuerpo es para que se lo coman los gusanos, mejor que tenga un buen relleno.

Y la verdad es que los gordos somos una especie en auge. Si, cada vez somos más y cada vez somos más gordos. Además siempre estamos felices. Que por qué, pues porque no tenemos que cuidar lo que comemos, mientras no sea tóxico va al buche, que en la especie humana se encuentra en cualquier lugar con pellejo para que recuelgue. Cuando un gordo está de mal humor es porque en la tienda no tienen Donettes de los crujientes, y lo solventa comprándose los normales y rebozándolos.


Si, queridos lectores de El Blogbuster, los gordos nos estamos abriendo paso en todos los estamentos y profesiones de la sociedad: uno de los mejores actores del planeta es Pepón Nieto, tenemos incluso gobernantes en países punteros: Angela Merkel, futbolistas como Ronaldo. Homer Simpson, Peter Griffin, Jabba el hutt, Carlos Carnicero, el ego de Cristiano Ronaldo, el sueldo de Raúl, el año de títulos del Barça. Todos gordos, y así podría estar horas, pero se supone que debo hablar de una película.

Po es un panda gordo y torpón que sueña con ser un maestro del kung fu, pero su destino es ser un experto cocinero de fideos como su padre, que, bueno, es un pato ¿?. Como es normal, el oso está en la edad del pavo y es un poco rebelde. Bueno, el caso es que el papapato (del latín papá-pato) está ojo avi-zor (del latín soy idiota) para conseguir el negocio del siglo y poder jubilarse, y nada mejor que vender fideos en la ceremonia de elección del Guerrero del Dragón, al que le entregarán el pergamino del dragón, clave para ser el luchador más poderoso.

Todo el mundo piensa que el elegido será uno de los cinco fantásticos (Figo, Zidane, Ronaldo, Beckham o Raúl), pero el maestro Oogway, una tortuga más vieja que mear de pie, escoge a Po, porque si no se acabaría la peli a la media hora. Esto no les sienta bien a los zagales del kung fu, que le odian a muerte y le hacen la vida imposible durante su entrenamiento.

¡¡Te he dicho mil veces que no me gustan las acelgas!!

Por supuesto, como toda película infantil, tiene un malo malísimo con el ceño fruncido (si no, no sería malo), que se escapa de Absolón para robar el pergamino y el resto de la película no lo cuento porque os quiero dejar con la intriga.

Después de ver la película me surgieron una serie de dudas existenciales, comparables a la de por qué los nuggets de pollo no saben a pollo, y que no me dejan dormir las 23 horas diarias que dormía antes:

1.- ¿Por qué es tan divertido reírse de un gordo que no se puede ni mover?

2.- ¿Cómo puede un pato canijo ser el padre de esa bestia? ¿Qué grado de parentesco comparte con Makelele? ¿Por qué el oso no se da cuenta?

3.- ¿Por qué el papapato no ve que los fideos no tienen futuro? ¿O por qué no monta un McDonalds?

Aquí tenemos a papapato. Desde luego es irresistible.

4.- ¿Cómo es posible que un panda rojo se deje perilla? ¿Por qué la tortuga centenaria tiene el mismo cuello que Carmen Sevilla y no le ponen ni collares ni esparadrapo?

¿Minusválido? ¡Qué profesión má bonita!

5.- ¿Por qué la mantis del grupo no causa fiebre cuando te toca?

Cualquiera al que le guste el cine debería ver esta película, porque aparte de que el protagonista (con doblaje a cargo de Florentino Fernández) es un tipo gordo del que nadie espera nada, es una gran historia, quizá algo previsible e infantil, pero que gustará no solo a los niños. Así que id ahora mismo a comprarla, que aquí no nos gusta la piratería, y, bueno, porque voy a comisión.

Ah se me olvidaba, un último consejo de supervivencia que nos daba el bueno de Espinete: los erizos tienen pinchos en la espalda, pero por delante no, para que cuando te abracen no te pinchen el corazón.

Chacaflús.

Por: Gutural Boy.