Crítica de Sonrisas y lágrimas.

Vivir en la montaña, qué gonito, qué herposo. ¿Que soy un abuelo, que se parece sorprendentemente a Fernando Fernán Gómez, proclive a estar enfermo que se me va la cabeza y necesito continuas revisiones cardiovasculares con un perro que sus chorongos son un dúplex con piscina para David el Gnomo? ¿Dónde voy a vivir? ¡Al monte! Que ¿soy una huérfana de pocos años que se pasa con el colorete y no tiene a nadie en su vida? ¡Al monte! ¡Con el abuelo! Que ¿soy un zagal con las hormonas revolucionadas y que lo más cerca que ha estado con una mujer fue cuando salió de su madre? ¡Al monte! ¡A pastorear unas ovejas a las que verá con el paso del tiempo cada vez más provocativas! Que ¿soy una niña minusválida con silla de ruedas que quiere volver a andar? ¡Ni hosteópata ni hostias! ¡Al monte, nenaza!

Ays cómo nos engañaron esos dibujos que vimos de ñajos donde se nos mostraba que en el monte todo es bueno y la gente es MÁS y vive intensamente todo porque son más mejores que los de ciudad, tí. Pero ¿alguien se fijaba en cómo vivía La Heidi? Que no le dejaba su abuelo ir a la escuela y que la tenía durmiendo en una cama de paja (con perdón). Vamos, a este yayo lo cogen los servicios sociales y le quitan a la niña, al perro y a él lo meten en la Residencia El arrechuche.

En un momentito toda tu infancia a tomar por culo.

Pues esta peli (peliculaza que dura 2:47 y se hace bastante larga, cojona) va de eso, de gente contenta por el monte.  Y es que eso de cagar con el culo al aire te tiene que dejar contento, contentísimo. Cantan a todas horas: ¿voy a por el pan? ¡Canto! ¿Voy con mi cántaro de leche? ¡Canto! ¿Salgo en la típica escena de la pradera llenita de flores y yo voy dando vueltas en un frenesí de vida? ¡Canto! Ni que fuera una peli patrocinada por los Niños de San Ildefonso, leches.

Teeeeeeengo que pagaaaaaaaaar 1100 eurooooos a Haciendaaaaaaa, cagonsusputosmuertooooooooooooo-ooooooo-oooós

Si yo viera a alguien en la vida real cantando y bailando en un monte perdido de la mano de Dios sin que sonara de fondo una música del tipo Máquina Total o Chimo Bayo yo retrocedería muuuuuuy despacito, sin mirarle a los ojos y llamaría inmediatamente a El Vaticano para que me trajeran un exorcista. Eso o le abrazaría dulcemente mientras lo acunaría y le susurraría al oído: “Ya pasó, ya pasó”.

La peli va de una monja (¿Qué tienen las pelis de monjas que todas cantan en ellas?… Bueno, en algunas también gimen) que se llama María, claro, que la echan de su convento por tontuna y la mandan a casa de un capitán para que cuide a sus 7 hijos que tienen mala leche pero buen fondo. Como no.

Recordad: cuando pregunte el autobusero vuestra edad todos tenéis menos de 5 años y vuestro padre murió en Vietnam.

Como son un torbellino pues ella lo que hace es enseñarles a cantar ¿?. Parece que la cosa pita y cantan hasta bien. Tanto es así que el padre funda los Jackson Seven y se los lleva a todas las comuniones para cantar Paquito el Chocolatero y Los Pajaritos.

Se casa el padre con la monjita (mira que joía la monja jiji) y todo es felicidad. Pero ¡oh, campos de soledad, oh mustios collados! Al estar ambientada la peli en la Alemania hitleriana algo malo DEBE pasar. Algún niño no acaba la peli.

Si quieres saber cómo acaba todo esto vean la peli (No recomendado).

Si quieres que la monja María se haga rocker pasa a la página 67.

Si quieres hacer la Declaración de la Renta bájate el programa PADRE.

Si quieres irte metiendo un extintor por el orto yo ya te dejo con tu intimidad y me largo.

Por: Gran Cabeza.

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