Uno va a la máquina dispensadora y…

Estaba yo tranquilamente en la cafetería de mi curro empujándome un café con una maGdalena (y una mosca que pasaba por allí y se puso en la trayectoría de la maGdalena  a mi boca) cuando tuve una felíz visión: una chocolatina de la máquina estaba pegada al cristal, ¡apuntito de caerse! Sólo requería una mínima fuerza de 700 KJulios aplicada con sabiduría para caerse.

Sí, era una chocolatina de chocolate blanco, un sabor que odio, pero era ¡gratis! Esa es la clave de todo esto ¡gratis! “Gratis” es la palabra que consigue que viejos que no se mueven nunca se peleen con antiguos compañeros de trincheras por una sartenada de migas rancias gratis en la Plaza Mayor. “Gratis” es la palabra celestial que mueve el Mundo y que se vuelve sublime si va precedida de la palabra “Sexo”.

Miré hacia un lado y hacia otro de manera poco sospechosa y me puse a bailar un chotis agarrao con la máquina. Tras un meneito conseguí mi “ansiado” premio.

Mira qué majo el caballito con sus riendas y todo.

Me disponía a saciar mi ansia viva comiendo con gran disgusto la chocolatina conseguida cuando se abrió el cielo ante mí y salió una luz blanquecina que me iluminó y fui presa de una aparición mariana:

Pero, pero, ¿esto es lo que yo creo?

Parece un efecto óptico de esos: si lo miras de izquierda a derecha es un caballo, pero si lo miras de derecha a izquierda…

Pablo, Pablo ¿culo o codo? ¡JAja!

Miradlo con más detalle:

¡Es una p***a! Con todos sus detallitos lúdico-festivos incluidos.

Como una olla, señora (¡¿y con ojos?! y todo). Parece un dibujo hecho por un seguidor de la psicología Gestalt o un seguidor jashondo de Jotacé. Me inclino más por esta última idea. Maldito Jotacé, corrompiendo mentes desde hace ya más de 6 años. Guarden a sus niños de estas chocolatinas tan depravadas. Y de Dragó también.

Por: Gran Cabeza.