Big, 23 años después.

¿Os acordáis de BIG? No, no os hablo del nombre de vuestro soldadito con casco cuando fardáis con las guiris, no. Os hablo de esa peli ochentera que tanta gente recuerda con cariño debido a que la vieron en los tiempos en que se moceaban y todo era tope mejor que ahora debido a que la morriña de nuestra juventud hace que todo lo  de antes lo recordemos mucho mejor de lo que realmente era, como pasa con Los Fruittis.

Pues en esa peli un jovencito  Tom Hanks quiere hacerse mayor (por amor, ojo que no es por algo baladí) y se lo pide a una máquina Zoltar, una máquina que adivina el futuro, del parque de atracciones Rye Playland. Y la cosa es que se lo concede (de no ser así a los quince minutos nos quedamos sin peli… sí, una máquina de adivinación que concede deseos, es lo más normal. De hecho, yo tengo dos en casa y una se la he dejado a mi primo).

Josh: Mi último deseo es… una Pepsi.
Zoltar: Me cagon tu p…
Pues bien, nuestro imparable capitalismo actual ha conseguido que esta maquinita sea sustituida por esta otra:

Nueva máquina concede deseos que te da todo lo que le pidas (menos Coca-Colas).

Pero, tranquila señora, no se escandalice. Esta máquina, al igual que la de la peli, también te hace grande (a lo ancho)… y te provoca diabetes.

Aunque si de verdad lo que pretendían era mantener el espíritu de que esa máquina es capaz de agrandar, deberían haberla sustituído por esta otra.

La pastilla preferida por el abuelito.

Así, sí que sí. Que nos quejamos por todo, leches.

Por cierto, la verdadera máquina de Zoltar está en el vestíbulo del Teatro Falcón, que es propiedad de Garry Marshall, el hermano mayor de Penny Marshall, quien dirigió “Big.”

Por: Gran Cabeza.