Critica de El señor Petardín y los niñatos en flor (El señor Ibrahim y las flores del Corán).

Eric-Emmanuel Schmitt estaba escribiendo una de sus obras de teatro (tan francesas, tan brillantes, tan eléctricas, tan –en el fondo– falsas) cuando se le fundió la bombilla del flexo.
–Mecagüentó –exclamó Eric-Emmanuel Schmitt en perfecto francés.
A oscuras, fue a buscar una bombilla de repuesto y, sin querer, metió las manos en la pecera.
–Tócatelosgüevos –murmuró.
Cuando por fin quiso enroscar la bombilla en el flexo, se electrocutó (niños que leéis El Blogbuster: el agua es un gran conductor de electricidad).
–Córcholis –dijo, muy finamente Eric-Emmanuel Schmitt, con sus pocos cabellos chamuscados.
En ese estado de catalepsia, se sentó en el ordenador y continuó con su guión, alelado, sin saber qué ponía. Luego se lo mandó por correo electrónico a François Dupeyron. A los cinco minutos sonó el teléfono:
–¿Pero qué mierda de guión me has enviado? ¿De qué va esto?
–De un viejo sabio que lee el Corán.
–¿Sabio el vejete? Pero si no dice más que simplezas, pero si es un tontolhaba, pero si hay más sabiduría en el programa de María Teresa Campos que en el Corán de este prostático.
–La historia del niño es muy chula, ¿no?
–¿Chula, la historia de ese salido? ¿Tú quieres que nos detengan por pedofilia?

El viejo me da leche, galletas y lo otro.

–Es un canto a la alianza de civilizaciones. Al amor entre las distintas culturas y religiones. Una road movie.
–Ay, calla, que me va a dar un infarto. ¿Pero qué hago yo con un guión así?
–Píntalo de colorines, como Barceló en la ONU. Y discúlpame, Dupeyron, corazón, pero me estoy meando.
Y colgó.
–Pues no es mala idea lo de los colorines… –pensó Dupeyron.
Y así hizo. El argumento es disparatado y los diálogos producen sonrojo pero la peli, si uno prescinde de lo narrativo, es bonita de ver. Y al final sale unos segundos Eric Caravaca, que a mí me hace tilín (aunque mi cabra Rifiuti no lo pueda entender).

Por: Macarrones.