Critica de Sunshine.

Ray-Ban y Nivea patrocinan esta película

Otra peli de sustitos en el espacio.

Mézclese “Alien” + “El abismo negro” (apártense los robots) + “2001” (expurgado de monos y valses, resérvense para otra receta) + “Solaris” + “La momia”, salpiméntese abundantemente el guión con “La he cagado”, “la has cagado”, “la hemos cagado” (es la frase más repetida, con la “d” bien marcada en el doblaje -esta no la vi en V.O., me dejé las gafas de pasta en casa, quizá en la cinta original digan: “hemos tenido un percance” en vez del sonoro cagar, no sé), agítese todo y sírvase muy muy muy caliente.

A mí me ha gustado poco y, en contra de lo que leo por ahí, me fue disgustando menos según se iba desinflando de sus pretensiones (no digo que la película mejore, que no, pero a mí se me fue haciendo menos aburrida, o quizá es que me fui acostumbrando a las actuaciones falsas y a las cosas raras que hacen los personajes y a su amor por el solarium). Lo cierto es que cuando empezaron los sustos me empecé a despejar. La cosa va de que la pequeña Miss Sunshine (a partir de ahora, Miss Sunshine Torrada) se hace astronauta y reconvierte la vieja furgoneta de sus padres en una nave espacial que funciona igual de mal (ya se sabe cómo son estas películas del futuro, mucha tecnología punta, mucho ordenador y mucha vaina, pero luego los cables dan unos chispazos tremendos, todo traquetea, se funden los plomos y hale, a sacar la linterna y la llave inglesa y a dar golpes a los cacharros a ver si funcionan otra vez). Aquí, además, tienen el ordenador con voz de teleoperadora (igual de amable y de ineficaz) y el disco duro lo guardan en una alcantarilla.

¡Copón qué calor da el traje de Big Daddy!

La nave es un desastre, en fin, y los astronautas parecen unos repetidores de la ESO que han sido reclutados para la misión en la puerta de una discoteca y los mandan resacosos al espacio, con un mal rollo entre ellos increíble. Van a bombardear al sol así un poco a lo loco, pero a mitad de camino, en el área de descanso de Mercurio o por ahí… se encuentran con una nave anterior cuyo capitán es una especie de telepredicador pasado de rosca que quiere organizar un Miércoles de Ceniza mundial. Todo está contado de la forma más efectista y embarullada posible, pero en resumen es una película que empieza con pretensiones y acaba siendo sencillamente una peli con bicho y de ¡sálvese quien pueda! y ¡salvemos a la humanidad!, que para eso haber contratado a Bruce Willis, digo yo. Todo lo que sale en esta atorrante Sunshine lo hemos visto mil veces (y mejor) en otras películas, incluido el plano final pretendidamente sorpresivo.

Yo ya empiezo a dudar de que Trainspotting sea tan buena como la recuerdo, todo lo que he visto después del Boyle este me parece un perfecto ejemplo de mal cine (esto va también por Nolan y Memento).

Por: Macarrones.