Critica de Los tres mosqueteros.

Un poligonero chulo que quiere alistarse como mosqueperra, llamado D’Artagañan, aprende que la vileza está por encima del honor y que un caballo sexy, buenorro y dotado bien vale una guerra. En menos de 24 horas y creando polémica y broncas sexuales por doquier (4 contra 40 es gang-bang) se convierte en la princesa del pueblo. Pero el pueblo se llama París y allí pillar cacho es complicado. Antes no había tuenti ni webcam pa ligar sino ingenio. Vamos, que los burdeles estaban a reventar a menos que fueras Rey. Pero la rubia de la que está enamorado D’Artagañan, llamada Constance (a la taza), no va para choni sino para Miss (y no se metan con los diálogos porque ‘gallito’, que lo sepan, era un palabra común de la corte francesa del Siglo XVII).
Las desgracias y conspiraciones acechan: el Rey Luis es una petarda fashion victim imitadora del cantante de Jamiroquai en un festival de drag queens, Milady vive atrapada en un anuncio de  L’Oreal protagonizado por Trinity y una tortuga ninja adicta a los Barbie-túricos y el Cardenal Richelieu sigue sin localizar al peluquero de Nicolas Cage. Las mosqueperras están en el paro y hartas de estar todo el día de rodillas delante de Orlando Bloom con un tupé de rockera. ¿¡De Orlando Bloom!? ¡A la guerra!
 Junto a las mosqueperras Aramis, putero, Athos, borracho, y Porthos, gigoló, D’Artagañan tendrá que hacer la misión más complicada de su vida (aparte de pillar cacho en la capital): sobrevivir a esta película.

Trinity, la precuela.

«Uno para Todos, Todos para Uno» ya no es lema ni cita célebre sino sinónimo de orgía pueblerina con barcos violadores y voladores y cañonazos por-culeros a discreción. No son espadachines. ¡Son N-I-N-J-A-S! Que no es lo mismo… “Los tres mosqueteros” de Paul W.S. Anderson tiene más parecidos razonables con “Zoolander” que con la novela de Dumas. El Rey de Francia y el Duque de Buckingham deberían resolver sus diferencias en una pasarela de moda para ahorrarnos disgustos.

D'Artagañan y las Tres Mosqueperras.

El director de “Resident Evil” demuestra su talento para adaptar cualquier tipo de material pasar por utilizar el homenaje hormigonero a “Matrix”, al videojuego, dando a la tecla de ‘escape’ en las secuencias cinemáticas, y, sobre  todo y por encima, a la empanadilla de Móstoles. Si fuera una película conmemorativa de la Boda de la Duquesa de Alba al menos tendría más rigor y un mínimo de credibilidad.
No obstante, una gran comedia.
Por: Maldito Bastardo.