Critica de Magic Mike.

Esta película me ha devuelto mis recuerdos cuando, al igual que ‘El Niño’ (Alex Pettyfer) a los 19 años, comencé mi exitosa carrera como stripper. Tenía unos perfectos abdominales que ya quisiera Mario Casas, un maravilloso bronceado que hacía resplandecer el sol en plena noche, volvía chifladas a todas las mujeres y ninguna se podía resistir a mis admirables coreografías de glúteos. Olía 24 horas al día a puro sexo. ¡Podía atraer a una mujer con mi olor desde 500 kilómetros de distancia! Para que se hagan una idea: Channing Tatum a mi lado parecía el feode los Hermanos Calatrava. Me metían tantos billetes entre mi ajustado tanga y refajo que me tuve que operar para disminuir el tamaño de mi agraciado pene y así conseguir que me entraran más talegos en mi paquetón. Oh, ¡qué recuerdos! ¡Cuántas noches de drogas, sexo y erección! Pero como “Magic Mike” nos revela esa vida y ser tan maravilloso y estupendo tiene trampa… ¡Qué desgraciado me sentía! Y no me había dado cuenta, mientras mis abultados y musculosos bíceps emergían al limpiarme las lágrimas de mis ojos, que inicialmente atribuía al humo del local… Oh, ¡qué desgraciado era… pero qué guapo! ¡Qué contradicción y difícil elección!

Aquí vemos a los chulapos desfilando los modelos de “Mujeres, hombres y viceversa”.

Al igual que el protagonista de “Magic Mike” me di cuenta que ese modo de vida nihilista y hedonista me llevaba únicamente a la vacuidad y a la destrucción de mis auténticos objetivos para completar mi sueño ‘americano’. Dejé de cambiar colchones cada semana por exceso de uso y decidí someterme a cirugía estética para mutilarme y desfigurarme la cara. Agaché la cabeza gracias a grandes cantidades cerveceras, inyecciones de grasa directas a mi vientre y una completa apología de la vida sedentaria para perder mi lucido, perfecto y escultural cuerpo. Me convertí en lo que soy ahora… ¡Y no me arrepiento! Adiós al dinero, al olor a sexo, a mi lujoso apartamento, a la popularidad y a cambiar de coche cada tres meses. Sí, yo también fui un stripper torturado por sus emociones. No se engañen: “Magic Mike” revela el gran drama que viven a diario los participantes de “Mujeres y Hombres y Viceversa”.

Sombrero para darle toque homogay no buscado.

“El bar Coyote” se hizo indie por obra y gracia de Steven Soderbergh y surgió El Bar Poyote”. Sí, en realidad es lo mismo pero como estamos ante el director outsider que se ríe del cine comercial realmente nos encontramos ante un ejercicio extra-metaficcional: “Magic Mike” convierte el cine en un bailarín que mueve el culo y muta a los espectadores en un grupo de histéricas salidas que pagan su entrada por ver los cuerpos y culos de sus estrellas favoritas. El cine se prostituye y se transfigura en un frío y egoísta negocio, pero reniega interiormente de tal condición: quiere avanzar y cambiar. Pero, al mismo tiempo, transforma a Soderbergh en un proxeneta que ha vuelto a convertir al star-system en un burdel para financiar nuevos proyectos como filmar tuberías o hacer un biopic de alguien que no está ni en la wikipedia

¡Anda! ¡Una mujer!

No obstante, aquí hay poesía: las secuencias en la que Joe Mangianello se desloma al voltear a una muchacha con sobrepeso o en la que Channing Tatum refriega su paquete en la cara de una universitaria poseen una profundidad que ya quisiera el mejor poema de Virgilio. “Magic Mike”, en definitiva, es un filme interesante porque esconde un voraz y consumista producto comercial dentro de una película indie de bajo presupuesto, siendo consciente en todo momento de tal condición sin engañar a nadie. Pese a su rating ha recaudado más en EEUU que “Flashdance” o “Fiebre del sábado noche”: el experimento sociólogo establece que glúteos con gusto no pican. Al menos para sentar el nuestro en la butaca y disfrutar con esta obra que nos hará reflexionar sobre la vida y lo ¿afortunados? que somos por no tener los cuerpos, el dinero y popularidad de los actores que aparecen en pantalla. Gracias, Soderbergh.

Por: Maldito Bastardo.