Critica de Objetivo. La Casa Blanca.

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Sinopsis oficial:
Mike Banning (Gerard Butler) es un agente del Servicio Secreto estadounidense que, tras un accidente de coche en el que únicamente puede salvar la vida del Presidente Asher (Aaron Eckhart), decide dejarlo para trabajar en el Departamento del Tesoro. Pero cuando un comando coreano liderado por Kang (Rick Yune) ataca la Casa Blanca, tomando como rehenes al Presidente y su gabinete, Banning se verá obligado a entrar de nuevo en acción

Crítica Bastarda:

Tres (pequeñas) puntualizaciones a argumentos de ‘goma de mascar’:
☞ Es muy espectacular y explosiva ¡Jopelines, qué malos son los terroristas! ¡Cómo han dejado la Casa Blanca! 
Perdonad, pero si las protagonistas de “Spring Breakers” hubieran dado una PARTY en la White House hubieran conseguido lo mismo en la mitad de tiempo y con mejores resultados. ¡Al menos para nuestros ojos y entrepierna! ¡Y sabéis que es verdad!
☞ Es cine de palomitas/entretenimiento y es para pasar el rato 

Perdonad, ¿leéis ‘Mein Kampf’, ‘El negro, una bestia’ y ‘La Biblia Satánica’ para pasar el rato y entreteneros? ¿Coméis palomitas entre página y página? Yo sí y solo para reírme… al igual que la única opción para poder disfrutar de esta película. ¿Habéis imaginado la versión española? ¿Rajoy secuestrado en el búnker secreto de La Moncloa por un grupo radical y terrorista de independentistas catalanes, que amenaza con convertir España en Silent Hill, y que debe ser salvado por Torrente con la camiseta del atleti y una bandera de España por capa? Esto es lo que hay… y aquello que es “Objetivo: La Casa Blanca”: un chiste que parece la segunda parte con actores de carne y hueso de “Team America World Police”. Diría que es incluso más divertida que la que la película de Trey Parker y Matt Stone y cuyo índice de fantasmadas, inverisimilitudes y continuado chorreo de hilarantes instantes para el recuerdo convierte a “Independence Day” y G.I. Joe: La venganza en películas de los Dardenne.

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¡El suelo está fregao! ¡No me lo piséis que os vais a resbalar!

 No es cine para pensar, maldito bastardo 
¡Ni que lo digas! ¡No es cine para pensar: es para destruir tu cerebro! Dejando apartada su pornográfica ideológica cercana al pensamiento único versión barras-y-estrellas, “Objetivo: La Casa Blanca” es una de las películas más estúpidas de los últimos años (con spoilers):

¿Por qué los malos tienen balas que ya quisiera Tony Stark y los buenos no acertarían ni disparando a bocajarro a Falete? ¿Le enseñaron en el entrenamiento a los buenos a cubrirse cuando les disparan o son simplemente estúpidos y les encanta correr hacía el fuego enemigo? ¿Son tan incompetentes que tiene que llegar un agente despedido y supuestamente inútil, versión espartana de John McClane, a hacer todo (y digo TODO) su trabajo? ¿Los aviones-tuneados-terroristas llegan tan fácilmente a la Casa Blanca sin ser derribados? Jopelines Bin Laden, te acaban de dejar como un auténtico gilicolas… ¿Un grupo de terroristas a pie va más rápido que un helicóptero? ¿No era acaso EEUU la tierra de los sueños? ¿Es tan lento e inútil el ejército de los EEUU? ¿El control de mando es fan de ‘Sálvame Deluxe’ y les encanta montar pollos en los gabinetes de crisis? ¿Sabrían los guionistas que un misil balístico intercontinental debe estar armado con códigos de lanzamiento y que los terroristas nunca tuvieron los mismos, por lo que EEUU nunca estuvo realmente en peligro en esta película? ¿Estuvo nuestro cerebro en peligro? Al parecer sí…

Entre que el presidente de los EEUU también es estúpido y lo normal es que él mismo hubiera solicitado su erradicación para salvar el país o la cabeza de mando de EEUU hubiera decido ‘sacrificarle’, descubrimos que montan un pedazo-pollo para conseguir unos códigos de un programa secreto… ¡Y van y se los dan! ¡Y por orden del propio presidente! Ese mismo que decía que no negociaba con terroristas… Bueno, todos los códigos no… Todos, menos el del presidente… claro. ¡Y vemos que NO lo necesitan! Y, entonces, ¿pa’ qué tanto rollo con encontrar a su hijo? Luego tenemos que una hacker asiática y un comando de terroristas con armamento militar comprado del mercadillo y tuneado en un episodio de “El equipo A” deja como una panda de incompetentes a todo el gobierno de EEUU. En la Casa Blanca tienen un arma súper-secreta que no conoce nadie… y llegan los terroristas y la aprenden a utilizar en diez minutos. ¡Diez minutos! Pero lo mejor es la moraleja de la historia: un vengativo, asesino y torturador —pero héroe, al fin y al cabo, con un útil cursillo de enfermería y vendajes presidenciales— defiende los valores de la democracia frente al ¿comunismo? ejecutando a seres humanos (y no en defensa propia) sin juicio y al final le ponen una medallita y recupera su trabajo. Solo faltaba que también le hubieran dado el Premio Nobel de la Paz y hubieran conseguido resucitar a la esposa fallecida del presidente con las bolas de Dragón. Ya que nos ponemos… ¡con dos cojones, oigan!

¿Que algo te oprime la garganta? Pues no sé qué será...

¿Que algo te oprime la garganta? Pues no sé qué será…

Y, por favor, en los títulos de crédito no se olviden de cantar todos juntos: ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡EEUU! ¡Qué Dios bendiga América! ¡ESO! Qué DIOS bendiga también nuestro cerebro… porque está película quiere erradicarlo por completo junto al precio de la entrada.

Por: Maldito Bastardo.