Critica de Star Trek. En la oscuridad.

Considero que cualquier crítica debería verse envuelta del contexto que englobó el visionado de la obra y de esta manera me dirijo a mi experiencia antes, durante y después de disfrutar “Star Trek: En la oscuridad”. La cita en Parquesur incluía ‘Canta con Pocoyó’, cena-picoteo en terraza con jarras de cervezas sin gay-limón y sesión golfa en la oscuridad con un Señor roba-franquicias llamado J.J. Abrams. Lo segundo mitigó lo primero: el dantesco espectáculo comenzó con una bailarina ligerita de ropas que incitaba sobre el escenario a un público ¿entregado? a emular sus ortopédicas coreografías. Una vez lanzada la carne para seducir a los padres de los mocosos, en esa supuesta clase colectiva de aeróbic y pérdida del ridículo, llegaron Pocoyó, Elly y Pato provocando una aneurisma cerebral en los perplejos asistentes con más de cinco años. Sacados como drogodependientes de una caseta seguramente comparada en Las Barranquillas y guiados como zombis entrenados pisaron el escenario unos seres pésimamente proporcionados —Elly debería ser tres veces del tamaño de un pato y un niño pequeño—. Comenzó la aberración musical y, superada la perspectiva, se rebasó el calor craneal y el timo del año: seguramente para no pagar derechos a la SGAE la selección de canciones eludía temas de la serie e incluso a los personajes de ‘Pocoyó’. ¡Y Pocoyó no cantaba! ¡Ni bailaba!

01Después de los traumas de la noche llegaba el objetivo final con “Star Trek: En la oscuridad”. Es cierto que ir al cine se ha convertido en un lujo y una entrada (y sus extras) equivale prácticamente a la compra de un Blu-ray. Pese a que uno se hace todas las tarjetas para abaratar el coste, la realidad indica que los cines se han intentado convertir en un sucursales de fast-food incluyendo incluso máquinas recreativas en sus grandes salas de espera. La enésima renovación de los cines de Parquesur y que las botellas de aguan estén a precios de cubalibre puede ser tan discutible como consecuente, pero fue un susto leve con el que íbamos a lidiar en breve al entrar en contacto con ‘la oscuridad’. La imagen fue devastadora: al penetrar en una sala de un aforo de más de 500 espectadores no había nadie en su interior. Repito, N-A-D-I-E. Poco antes de que comenzaran los trailers apareció una pareja y otro par de personas que nos convertían en un total de ocho entidades físicas en la segunda semana de uno de los estrenos más esperados del verano. Recuerdo que hace prácticamente un año esa misma sala (y horario) estaba a mitad de su aforo para ver “Prometheus”, por ejemplo. Cada vez lo tengo claro: Pocoyó ha matado al cine, artículo actualmente de lujo en tiempos de crisis. La gente (y plebe) prefiere ver otro tipo de fuegos artificiales gratuitos (cutres y de imitación) por encima de otros que le hagan rascarse su bolsillo.

02Como el texto en realidad tiene una introducción como canto a la muerte cronológica del cine y otro dedicado a la obra que otorga el título del post, me introduzco de lleno en la nueva de Star Trek. J.J. Abrams ha diseñado una película admirable de entretenimiento desquitándose de cualquier tipo de complejidad en su trama, hecho que no que descarta que su guión esté muy pulido y delineado perfectamente potenciando a sus personajes. Incluso cierto ‘desnudo’ injustificado podría divisarse como en anhelo del público por girar el cuello de Kirk y ocupar su punto de vista para romper el fuera de campo. Los espectadores ansían mirar… y el director de “Super 8” ejemplifica el entretenimiento en curvatura para ofrecerles el festín que desean.

La oscuridad anunciada en su título no hace mención ni referencia a cualquier moda nolanista sino a la exploración de la muerte y el sacrificio como resurrección y cambio interior inspirándose en homenajes propios de la saga. Podemos debatir si Khan/John Harrison (Benedict Cumberbatch) podría haber sido prolongado crecidamente en el metraje como villano o si tenía que haberse tragado sus lágrimas ¿de cocodrilo? Más allá de decisiones morales, “Star Trek: En la oscuridad” brinda el reflejo de personajes en la tinieblas equidistantes que ofrecen el propio Khan y Marcus —interesante el rescate abramsiano de Peter Weller— sobre Kirk y Spock. Las dualidades morales entregan una interesante lectura sobre el terrorismo, la venganza y el militarismo por encima del honor que acerca a la sociedad a legitimar proposiciones racistas y belicosas para enderezar su supremacía sobre el resto. Los torpedos (de protones) asesinos van a guiarnos hacia un dislate entretenidísimo y un eclipse de la nave Enterprise sobre nuestro mundo y planeta, como icono y metáfora de una nueva deidad del mainstream.

Because boobs.

Because boobs.

Los indudablemente emigrantes ilegales que yacían en el interior de esos trajes, que desestimaron en Guantánamo por parecerles una tortura cuasi-mortal, tenían que abandonar el escenario cada diez minutos para volver a su caseta y esnifar con total probabilidad unos gramos de cocaína. El evento se basaba en el lema «Aprende riendo» y tenían toda la razón: yo no paré de descojonarme de tal desagradable e insultante experiencia únicamente paliada por el frescor de una cerveza. Con los valores inhumanos aprendidos, llegó el espectáculo de la fuente multimedia y cibernética. Prometieron un viaje por el mundo pero nos quedamos como simples pueblerinos: ea ea ea… Parquesur es una aldea.

03

No se nota el croma, no.

Aparte de superar a “Star Trek” (2009) para establecer una mejor y más completa precuela, su look juvenil y atractivo expone los resortes del cine de entreteniendo entre los destellos con los que Abrams inunda la puesta en escena. Pero lo más gratificante de “Star Trek: En la oscuridad” es que los conflictos y necesidades de sus personajes no ceden a la gratuidad del espectáculo rellenado los huecos del efectismo con el que debe convivir la acción de la cinta. Conocedor de que no puede reinventar el cine sometiéndose a los cánones y moldes de las corrientes principales hollywoodienses, el creador de “Alias” y “Perdidos” nos ofrece una torsión de la distracción y el pasatiempo sobre motores de última generación para procurar una salida y futuro. Conocemos el punto de origen y el destino pero Abrams nos invita a fijarnos en el juego de luces de todo artificio y estela de cualquier icono proyectado en una pantalla y, por extensión, universo.
Por: Maldito Bastardo.