DE QUÉ VAN LAS MEJORES PELÍCULAS DE LOS ÓSCAR 2016.

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La gran apuesta:

El pequeño grupo de “Los frikitaraos” está frustrado porque nadie quiere formar parte de él. Y no saben por qué (no le han preguntado a nadie normal, se lo podía haber dicho yo mismo…) Así, María la Tuerta, Gregorio el Cojo, Eugenio el Sordo, el enfermero Marcial y un señor de azul marino que la verdad es que sólo sale al principio y nadie sabe quién es ni qué hace ahí, ni si le contrataron o es un fantasma, quieren venganza, realizar un gran acto maquiavélico para que todo el mundo sepa que existen. Pero es que son tontos hasta pensar en beberse el agua de fregar, porque con el color que tiene seguro que sabe como una copa de orujo. Y no dan con la clave de algo que sea noticia en todo el mundo. Cuando escuchan en la tele que estalla una crisis de cojones, y que va a estallar la burbuja, deciden su plan de acción. Apostarán todo su dinero, el de sus pobres padres, y un préstamo que piden a Bankia sin mirar la letra pequeña a que la burbuja la estallarán ellos mismos. Todos se ríen de ellos, pero los cabrones bien que aceptan la apuesta y se quedan la pastaca. Así, María la Tuerta, que al ser la moza del grupo se supone que es la que tiene más sex-appeal de todos, llama a todas las cadenas de radio y televisión del país para que acudan al gran acontecimiento. Se compran en el Makro un camión de Fairy y un hula-hop tamaño la señorita Ofelia de Ibáñez y se van al Cerro de los Ángeles con una piscina hinchable y mucha ilusión. Se pasan todo un fin de semana llenando la piscina (se pone a diluviar justo cuando terminan de llenarla y tienen que esperar), echan Fairy como para lustrar la Almudena, meten el hula-hop y sacan una pedazo pompa de jabón que ni los mocos de Pinocho puesto de farlopa. Posando para los dos periodistas becarios que han acudido a su llamada, hacen estallar la gran burbuja y se abrazan los unos a los otros, hasta que intentan cobrar la apuesta y los de Bankia generan un movimiento sísmico en todo el país de lo que se ríen.

El grupo se disuelve, y cada uno escapa de las deudas emigrando a un país del Tercer Mundo.

Mad Max: Furia en la carretera:

Maximiliam Haremore ha perdido a su familia, su perro, se le ha roto la hucha y para colmo la Sociedad como la conocía se ha sumido en una orgía de destrucción masiva interna que ríete tú del Apocalipsis… Y para colmo, se ha encontrado en su peregrinar por las autopistas de los Estados Juntitos a  la Princesita Furiosa, que es un descarte de tronista de MYHYV que no asume demasiado bien su nuevo rol de… Bueno, de… ¡Ay, coño, de puta! ¡Que parece que ya no se puede usar el léxico en este país, leches ya! ¿No está en el diccionario? ¡Pues eso, que me censuren, que arderán los cimientos de…!

E-hem, perdón, me he dejado llevar por la atmósfera de la película, es que uno en su trabajo es mú digno… Pues a lo que iba, que siendo un descarte de Telecinco, imagínense ustedes para qué iba a quedar la Princesita. De modo que lo de Furiosa no es que sea un apodo chungo que le han dado porque la peli va de cosas chungas, sino que además es cierto, porque se ha enfadado tanto la mocita por no poder conquistar al Jonathan y encima cobrar por ello, que ha decidido vengarse de los directivos de la cadena, y se dedica a perseguirlos  en los trayectos de sus palacios al complejo de la cadena privada con un coche con las ruedas de pinchos para triturarlos cual matadero de los cutres. ¡Y sin aceptar poses de la Interviú ni nada, la tía!

Vamos, que la peli va de que Max es confundido por la Princesita con uno de los directivos de Telecinco, y hasta que consigue convencer a la moza encabroná de que él también es un alma en pena, la cosa se pone muy tensa, pero de hacer picadillo del de dar de comer a los que no tienen dientes, no digo más… Eso sí, una vez deshecho el entuerto, hay polvo y todo, que por un lado tiene que haber un final feliz, y por el otro estamos hablando de una aspirante a MYHYV, y eso ya… Bueno, sí, y al final posa para Interviú, vale…

Brooklyn:

Pues nada, la cosa va de que en la década de los 50 del siglo XX, una chavala irlandesa llamada Eleuteria (nombre puramente irlandés, como que hay Dios) se deja engañar por un americano de ascendencia italiana (si es que se lo tendría que haber imaginado) para viajar hasta Brooklyn, donde encontrará un trabajo que lo flipas y los dos tortolitos harán el amor hasta los domingos. Como es de esperar, porque si no, no habría peli, la cosa como que no es así, y el pollo, que encima se llama Tony, resulta que lo que quiere es que le lave, le cocine, le planche, y cuando se tercie le remueva los bajos, que en esas épocas la gente era muy cochina, lo que pasa es que pensamos que no porque como no había internete no quedaba reflejado en Youtube, pero vamos, que cochinos lo eran un rato largo… La Eleuteria monta en Cólera (el caballo de Tony, su más preciada posesión), y huye en pos de la gloria de Hollywood, pero muere asaeteada por el último Mohicano, que huía de… ¡Huy, ya volví a mezclar los papeles, coño!

Marte (The Martian):

Marco Juanche es el primer astronauta canario de la historia. Junto a otros dos compañeros, uno madrileño y otro catalán, y el mono Jamelio (para experimentar con él), son lanzados desde la plataforma de “Cabo Donosti” por un tirachinas modo vasco catapultado por dos pelotaris hacia Marte. La nave, una pelota gorda con un muelle en una punta, tiene una misión difícil: Ha de llegar al Planeta Rojo, dando con el tirachinas en la superficie para coger impulso para volver; y, antes que la pelota salga catapultada de nuevo a la Tierra, Marco ha de abrir la escotilla y recoger con una palangana unas muestras del planeta para llevarlas a la Tierra y estudiar su composición. Además, ya de paso, ha de lanzar a Jamelio por la escotilla para estudiar cómo explotan los seres vivos al contacto con la atmósfera de Marte, no sea que la peli de Desafío Total…

Pero el caso es que en el viaje, Jamelio y Marco establecen una relación intensa hablando de sus madres y tal, y cuando la pelota llega a Marte, los dos son tan amigos que Marco abre la escotilla para tomar las muestras y sí, tira al mono a tomar por saco, pero se le cae una lagrimilla de pena y todo… Lo impactante es que, según cae, Jamelio engancha a a Marco por la pechera y se lo lleva con él. Los dos se quedan mirando como el muelle rebota la nave-pelota hacia la Tierra y los deja solos en el Planeta a merced de vientos y tempestades estelares. Bueno, solos treinta segundos, los que tarda Jamelio en implosionar por la falta de atmósfera. El último plano antes de fundirse todo a sangre, desde el casco de Marco con el mono haciendo un corte de mangas que ríete tú de los de Luis Enrique con el Barsa en el Bernabéu, va a ser de Oscar. O de Razzie, pero vamos, que algo va a haber…

La habitación:

No es que sea por criticar, pero es que tiene huevos lo de los críticos de Hollywood. El primo de uno de los de la Academia tiene un chalecito en un lago a las afueras de Montana, y quiere hacerle promoción, por lo que contrata a una madre y su hijo enfermo (no falla nunca), y se los lleva a pasar un fin de semana, mientras los graba. Lo malo es que son dos coñazos enormes, tanto la madre como el hijo, y la película son dos horas largas de conversaciones de patos silvestres, de si están buenas las Supernenas, y de lo cabrón que fue tu padre que se fue a por tabaco y debió ser a Colombia o algo porque ya hace siete años y medio… Como además el de la Academia, cuando construyó el chalecito, no era de la misma y a la sazón tenía menos pasta que un mono, pues la casa no tiene ni ventanas, por lo que en realidad las dos horas largas son de las voces y punto desde lo alto de la claraboya del techo, y con esto los mamones se sacan nominaciones como si las regalasen en el programa ese de internete del bingo.

El puente de los espías:

Para un espía, lo más importante es que nadie sepa que lo es. Pero hay un lugar en la Tierra donde eso es un gran problema. Se llama “el puente de los espías” (antes se llamaba “el puente ande perdió lo suyo la Trini, la hija del boticario de Fuentelarrana”, pero se ve que después de que un día el boticario se levantara, escopeta de repetición en ristre y se fuera por los mentideros del pueblo soltando perdigones como cabezas de carnero, hubo que cambiarle el nombre…), y la cosa es que, desde que se le cambió el nombre, alguna mágica energía hace que, si eres un espía, al pasar por el puente te ves abocado irremisiblemente a pasar por el pequeño hueco abierto en el centro, en el que hay una pequeña estatuilla decorativa de un niño meando (vamos, como el Manneken pis, pero en plan “mira lo lejos que llego”), y te quedas mirando como un pasmarote al chorrillo, de modo que pareces un tontaco. Y los enemigos que estén por allí pululando en pos de personajes espiadores sabrán que eres uno de los del clan, e irán a hacerte pupita en el diodeno de abajo, que diría Chiquito. Abelardo Chupapieles es un pueblerino con mucho corazón pero una voluntad de mierda, que por casualidad pasa por el puente un día de lluvia. Queda obnubilado por la idea de la estatuilla del niño meón, y se pregunta en qué afectará el agua de lluvia al chorrico del pollastrín, y entre eso y que ya de natural es más corto que el resto de la Vela blanca de Adviento el siguiente 23 de diciembre, se queda parado en mitad del puente enfocando al enano orinante. La película es una visión en distintos planos y en cámara lenta de doscientos quince espías de treinta y cuatro países distintos dándole lo suyo y lo de sus padres adoptivos a Abelardo, ya que cada uno le confunde con un espía del bando contrario. Un dramón de los que hay que ver en Navidad para compensar tanto dulce…

Spotlight:

¿Os acordáis de ese juego de las consolas de 16 bits, que era un puntaco de mierda rojo, y todo el rato saltaba como un canguro para que no se le quemasen los pies con el calor del sol del verano? Pues esta película es una obra experimental de catorce horas y cuarto de ese punto siendo torturado con una linterna. Sí, un asco, no haberme preguntado, que lo queréis saber todo. ¡Os ahorro una entrada de cine, gastáoslo en condones, caray!

El renacido (The revenant):

En esto de la América profunda y salvaje, que teniendo en cuenta que George Bush (escojan ustedes al que quieran, que da igual) ha llegado a Presidente, imagínense lo que será lo profundo, un probador de trampas para osos de los gordos, Jiuj Jrant (JJ para los colegas) resulta gravemente herido por un cepo tamaño King Size Deluxe para zarigueyas, y es abandonado a su suerte por su compañero, Juan Fritangas Peláez de la Riva (que ya no es porque sea malo, o que no le soporte, o que le huelan los pies a choto; es que así dice que ha muerto y a lo mejor se puede zumbar a su mujer, porque le gusta más darle al mambo que a un tonto un Plastidecor frente a una pared en blanco) Con la fuerza de voluntad como su única arma (bueno, y unas ganas gordas de arrancarle las gónadas al Fritangas de un mordisco, también un poco), JJ deberá enfrentarse a un territorio hecho una pena y lleno de zarigüeyas que se ríen de él por caer en un cepo tan tonto como el que estaba probando; sobrevivir también a un invierno frío de los que se te meten tan adentro los huevos que los glúteos parecen unas maracas, y a la guerra constante entre las tribus de indios porque si no no sería una película de la América profunda del tó. El hecho de que regrese cuando su mujer se está beneficiando a JJ no es que augure un final apoteósico, pero como es una película americana, salvo el hecho de que va a salir una bandera del tamaño aproximado de Cuenca, vaya usted a saber lo que puede pasar, que lo mismo nos sorprenden (¡pppppppfffffffffffrrrrrrrrttttttttt!) No, en serio, que no queremos destripar el final, pero vamos, que hablando de destripar… ¡¡¡Huy!!!

Por: El Español de Lavapiés.